Teletrabajar más y mejor: ¿el gran beneficio de esta dramática crisis?

Jesús María Boccio es jurista, tecnólogo y director de SpeechWare (Bruselas), consultora en el ámbito de la Inteligencia Artificial.

La reciente petición del Ministro de Sanidad a las empresas para fomentar el teletrabajo y flexibilizar las jornadas laborales, una medida que muchas de ellas ya están adoptando motu proprio, guarda un cierto paralelismo con esa dramática secuencia de «Titanic», en la que se urgía a la tripulación y pasaje a abandonar el trasatlántico sin disponer de los suficientes barcos de salvamento…

En efecto, ¿quién puede poner en duda la necesidad de saltar al mar (teletrabajo) en esta situación de emergencia sanitaria global? Sin embargo, ¿quién dispone de los medios necesarios (barcos de salvamento) para no perecer en el intento? Más concretamente, en un mundo dominado por el texto escrito, ¿qué profesionales dominan el teclado con la maestría necesaria para no perder tiempo y productividad en esta obligada transición?

Durante años, me he dedicado a pregonar ante todo tipo de corporaciones, grandes despachos, eminentes IT managers, expertos en recursos humanos y compañeros, la imperiosa necesidad de utilizar las nuevas tecnologías que derivan del imparable ascenso de la Inteligencia Artificial, como por ejemplo el Reconocimiento vocal «Inteligente» (capaz de proporcionar una transcripción fidedigna del 99,5% o más del texto que se dicta así como su formateo automático), y la Traducción simultánea (¡mientras se dicta!) a cualquier lengua que se conozca pero no se hable perfectamente, con el fin de incrementar al máximo la productividad y ahorrar en tiempo y costes de transcripción en el trabajo.

Desgraciadamente, me he confrontado una y otra vez con un gran escepticismo generalizado, impuesto por estas circunstancias típicamente nacionales:

• Que aquí se haya bien arraigado el presencialismo laboral y el mantenimiento de las rutinas profesionales, directa o indirectamente relacionadas con el trabajo en sí mismo considerado.

• Que en nuestro país no hay cultura alguna de dictado, ni siquiera entre los profesionales y juristas que viven esencialmente de generar texto escrito.

• Que España ocupa uno de los últimos lugares de la OCDE en materia de teletrabajo (menos del 5% de la población ocupada lo practica al menos una vez a la semana).

Todo ello se resume quizás en el consabido tópico que el profesional español pasa muchas más horas que sus homólogos europeos en la oficina, con una productividad media claramente inferior.

Desde Bruselas, pues, presiento que el gran beneficio de esta dramática crisis será cambiar para siempre este rígido y anquilosado panorama laboral con el teletrabajo, la innovación, la flexibilidad, la productividad y el ahorro de costes a ultranza, que serán los elementos esenciales para superar la misma en esa nueva y espléndida era económica que se avecina.

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