Abogacía slaw, o cómo disfrutar de esta profesión

Todos conocemos el término slow. Este movimiento comenzó aplicándose a la cocina, al momento de la comida y, en particular, centrándose en el ritmo adecuado para degustar de la comida. Es tan sencillo como estar presente en el momento de comer.

Por extensión, y haciendo juegos de palabras, en la actualidad se aplica a otros conceptos. Y yo lo he aplicado dentro de mi profesión. El término slaw significaría lo mismo que el slowfood, pero aplicado a los servicios legales desde la perspectiva del que los presta: seamos abogados slaw, de los que disfrutan de esta profesión, de los que ofrecen un trabajo totalmente artesanal al cliente y, muy importante, aquellos que vivimos alejados del estrés, de la ansiedad y de lo rápido, lo fácil, lo efímero y fútil. Por descontado, del postureo.

Y así:

1.- Todo lleva su tiempo. Por tanto, comienza el tuyo profesional, el serio, el de verdad, haciendo una pasantía en condiciones. Quiero decir, con un mentor de los de verdad, de los que te enseñe y se involucre. No importa si cobras o no, lo importante es que se te valore y que aprendas.

Y si no es así, coge la puerta y busca otro sitio. Nadie te regala nada en los tiempos que corren; si quieres dignidad, exígela. Yo pongo el foco en mí, y así entiendo que se debe poner el foco. Doy tanto como exijo, y más si se me ha dicho que eso iba a ser así. Pero no me conformaré con menos, ni lo he hecho nunca.

No tengas miedo ni reparo en decir, y no en si hay que decirlo.

2.- Como adelantaba más arriba, tengo mis serias dudas al respecto de ejecutar el trabajo en plan sistemático. Yo soy plenamente partidaria del trabajo artesanal, de involucrarse con cada cliente de manera sincera y total. La cuestión está en tener los clientes adecuados, que puedan pagar tus servicios. Y sí, eso es posible. Y cuando hablo de involucrarse de manera total no estoy diciendo llevarme el trabajo a casa. No, yo tengo mi oficina y cuando echo la llave sigo con mi vida. Cuando estoy trabajando estoy a tope, y cuando estoy de compras, de boda o cocinando estoy a tope; pero en aquello que estoy haciendo. Los asuntos de mis clientes no son mis asuntos.

3.- Cuando hablo del abogado slaw no estoy pensando en un abogado lento. Estoy pensando en un abogado que sabe escuchar, procesar lo que le dicen, que se toma su tiempo para entender al otro. No es ser lento, es bajar el ritmo endiablado en el que vivimos, es hacer una cosa después de otra. Estoy pensando en un profesional que reflexiona continuamente.

4.- Si no tienes jefe, tu jefe eres tú mismo. Al final debes rendir cuentas a alguien. No te engañes, ser tu propio jefe no es mejor en muchas ocasiones que tener un jefe al uso. Pero ser tu propio jefe te permite organizarte como quieras, a tu manera. Y voy más allá: analiza qué clase de jefe eres contigo mismo.

5.-Siempre lo digo: tú eres lo primero para ti mismo, ámate, cuídate, procura ser amable contigo. No vivas algodonado, al contrario, sé autoexigente, pero comprensivo y amable. Cuida tu autoestima, tu superación personal, y no descuides la autocrítica, el autoconocimiento y la honestidad en tus razonamientos.

6.- Ya sabes que la vida es dura, pero si sufres por lo que te pasa, la responsabilidad de ese sufrimiento es tuya. Nadie va a hacer las cosas por ti. Eres tú el que debe tener barreras, líneas rojas y puntos infranqueables. Si dejas que los sobrepasen las consecuencias serás responsable tú. Déjalas claras con clientes, contrarios, colegas y otros operadores jurídicos, con los que interactúes.

Y si tienes jefe, también con él.

7.- El abogado slaw no se verá dentro de situaciones de mobbing, pero si eso le pasa debe pedir ayuda. Y sobre todo, comprender que quien puede poner en marcha la ayuda para que sea efectiva es él mismo. Es inútil contar los problemas, que otros busquen soluciones, pero que uno mismo no las ponga en marcha.

BONUS. ¿Habéis oído hablar del Instituto de Salud Mental de la Abogacía?  Os invito a conocerlo y, si sois de esos abogados, jóvenes o no, y seguramente trabajadores por cuenta ajena, que tienen problemas de ansiedad, estrés, y acoso/maltrato en el ámbito laboral, os animo a pedir ayuda, restableceros y después…

Nadie nos vigila, pero tampoco nadie nos cuida.

Bueno, a los trabajadores por cuenta ajena ciertamente sí los vigilan, visto lo que ocurre y las muchas denuncias que conocemos, pero tampoco los cuidan.

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María Carmen Carayol García

María Carmen Carayol García

Abogada. También de oficio. Embajadora de marca y creadora de contenido en beBee. Autora de El Pasante. Mi vida es mía.

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